Respuesta a Cristina Cifuentes y al PP de Madrid

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Desde que gobierna el Partido Popular en la Comunidad de Madrid se pueden diferenciar dos periodos claros en su política de transportes, en lo que al transporte público se refiere. Una primera etapa que va desde 1995, cuando Gallardón llega al poder, y hasta aproximadamente 2010. Este primer periodo que abarca casi 15 años se podría caracterizar por más que una política de transporte público por una política de infraestructuras. Son los años de la expansión irracional de la construcción de líneas de metros y de los metros ligeros. Una expansión con enormes costes económicos entonces y a posteriori (ahí queda la deuda), y basada en un modelo urbanístico expansivo que pivotaba en el beneficio del tándem inombiliaria-banca, y que de paso beneficiaba a las constructoras que construían esos cientos de kilómetros más de metro y metro ligero. Una gran parte bajo superficie, lo que además de resultar mucho más apetitoso para las arcas de las constructoras (es una obra mucho más costosa), permitía encima amortizar la tuneladora empleada para el soterramiento de la M30.

El segundo periodo es el periodo de los recortes: eliminación y recortes de líneas de autobuses; retrasos y malas frecuencias tanto en metro como en autobuses urbanos e interurbanos, incremento de averías y cierre de accesos en metro. Es además en este periodo de crisis, el periodo que registra la mayor subida de tarifas de las últimas décadas, con una subida de un 12% en 2012.

En estos 20 años de gobierno del PP no se ha implementado ni una sola medida de índole social que facilitara el acceso al transporte público a las personas con menores recursos económicos. Ni el abono joven con su histórica reivindicación de ampliarlo hasta los 26 años tuvo eco en los gobiernos populares. Cuando se disponía de financiación se empleó en obra y nuevos kilómetros de infraestructura. Cuando ésta se acabó, la respuesta ante la deuda contraída y la merma de ingresos públicos fue una menor aportación de la financiación que aporta cada año la Comunidad de Madrid al Consorcio Regional de Transportes de Madrid, y las consecuencias el deterioro ya comentado y la subida de tarifas.

Dos décadas es mucho tiempo, más que de sobra para definir y establecer un modelo de transporte en la región. Y más cuando durante cerca de 15 años se contó con recursos financieros amplios. Sin embargo el objetivo de los gobiernos populares nunca fue hacer del transporte público el eje vertebrador de la Comunidad de Madrid. El transporte público, por el contrario, siempre fue el patito feo frente al glamuroso automóvil, y ambos son incompatibles entre sí. Así, el transporte público nunca se entendió como el medio de transporte prioritario al que dedicar recursos, sino tan solo como una forma de recalificar suelo, favorecer constructoras, impulsar la burbuja inmobiliaria, y también, colocar amigos o familiares en sus puestos directivos. Dos décadas habría dado de sobra para implementar otro modelo de transporte público, basado en la gestión socialmente justa y ambientalmente sostenible, y no tanto en hipotecar tantos recursos para la construcción de infraestructuras actualmente infrautilizadas. Bajo esta forma de entender el transporte público, es entendible que propuestas como el abono social o la ampliación del abono joven hasta los 30 años, sonaran a disparate.

Que ahora en periodo electoral y después de 20 años sin acometer una medida social en el transporte público, aparezca primero Ignacio González, anunciando que la gratuidad para los niños pasa de los 3 a los 6 años, y ahora la candidata Cristina Cifuentes anuncie ampliar el abono joven hasta los 26 años, tras décadas de oídos sordos a las propuestas ciudadanas y de la oposición, no se sabe bien si su propuesta es una burla más a la juventud madrileña y un simple anzuelo electoral sin intención de cumplirse, como tantos otros.

Parece que la única forma de que el Partido Popular erradique el discurso tecnócrata y adquiera algo de sensibilidad social es que haya unas elecciones próximas. Su trayectoria por el contrario le delata una actitud de desprecio continuo: desde el rechazo en bloque a implementar un abono social en los momentos tan duros de crisis económica que estamos viviendo, al blindaje, oscurantismo y falta de transparencia del Consorcio Regional de Transportes o a los estudios para la privatización de metro, entre otros muchos. Y el problema es que en la mentalidad neoliberal no encaja el transporte público, y no hay mejor ejemplo que simbolice esta actitud que ver a la anterior presidenta de la Comunidad de Madrid dándose a la fuga por haber aparcado su coche en el carril bus.

Desde Madrid en Transporte Público creemos que el transporte público es el medio de transporte esencial sobre el que debería pivotar una nueva política de transportes en toda la región. Pensamos que hay capacidad de actuación, pero ello requiere de un cambio de mentalidad y actitud, y tomárselo en serio a largo plazo, y no sólo en las semanas previas a las elecciones.

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